Efrits, djinnes, genios, demonios, dragones, stands… por regla deben concederte deseos, con o sin ciertas limitaciones, que modifican la realidad. ¿Puede un genio mágico superar su propio poder? Yo postulo que si. Pero entonces, ¿qué pasa con la paradoja de la omnipotencia?

La Paradoja de la Omnipotencia

Para denostar la existencia de Dios, y limitar su condición de omnipotente, se planteó que si en efecto es todopoderoso, debería ser capaz de crear una piedra tan grande, que nisiquiera él mismo podría moverla. Pero el no poder hacer eso, implicaría que no es todopoderoso, lo cual anularía la creación de semejante piedra desde un principio, cayendo en un loop lógico, que nos dice que no puede existir un ser Todopoderoso.

“Aquellos que conceden deseos…”

Existen una serie de personajes capaces de conceder lo que se les pida, unos con más limitaciones que otros. Veamos a los más emblemáticos de esta compleja línea de trabajo:

Shen Long. El clásico y archiconocido dragón que aparece al reunir las 7 esferas del dragón. Puede concederte 1 deseo (aunque a media que la historia avanza, aumenta el número de deseos), limitado solo al poder de aquel que creó las esferas. Puedes revivir muertos, manipular emociones, crear y teletransportar todo tipo de cosas, pero solo puedes matar a aquellos que su creador pueda matar con su propio poder. Además, si no pides tus deseos pronto, no soporta seguir existiendo y debe desintegrarse y volver a las esferas, para recargarse.

La mano de mono. En la historia “La Pesadilla de Lisa” (del especial de Hallowen II de Los Simpsons), Homero compra una extraña mano de mono disecada, que te concede cualquier deseo, pero seguido por terribles desgracias. En este caso, no dobla la realidad violentamente, si no que hace que les cosas “ocurran” como si hubieran estado planeadas. No parece tener límites, pero tampoco tiene conciencia propia, y si no eres claro con lo que pides, la mano de mono te castigará (a menos claro, de que seas Flanders).

Los Padrinos Mágicos. De un tremendo poder mágico, están limitados por un gran libro muy específico de Reglas de aquello que se puede y no se puede hacer. Fuera de esas reglas, todo lo demás es posible a nivel universal. Solo pueden concederle deseos a su ahijado mágico, pero los objetos mágicos que crean, pueden ser usados por cualquier persona (a menos que se pida específicamente al crearlos, que no lo hagan).

El genio de la lámpara. Esta categoría nació a partir del ser fantástico de la cultura semítica (fundamentalmente árabe – donde la palabra es jinn o djinn). Este ser posee grandes poderes divinos y mágicos, y se le conoce por tener una naturaleza maliciosa, aunque no malvada. Popularmente los conocemos como aquellos seres mágicos que nos pueden conceder 3 deseos (regla que ha sido utilizada por casi todos los seres mágicos – será parte de las reglas del Sindicato?). Gracias a Disney, tenemos una clara idea de sus limitaciones, ya que son parte de su presentación: no puede revivir muertos, no puede dar más deseos y no puede hacer que alguien se enamore de otro. Todo lo demás está permitido (y si puedes engañarlo para que haga cosas por ti, gratis, tanto mejor).

The Wishmaster. Tal vez no tan conocida como prometí, pero representante fiel de la clásica figura “diabólica”
que engañaba a los mortales a cambios de deseos banales. Te concede 3 deseos sin ningún tipo de límite, pero luego de concedértelos, logra acceso para él y toda su raza a nuestro mundo, lo cual sería muy malo para la salud. Si lo piensan, esa condición está determinada por algún desconocido poder mágico superior a todos los djinnes. Podríamos mencionar también acá a los duendes irlandeses, pero estaban cuidando su oro y no quisieron ser entrevistados para esta nota.

En muchas oportunidades, personajes “audaces” han esperado poder pedir “más deseos” o “más genios”, lo cual es doblarle la mano a las reglas, si es que estos seres no poseen cláusulas al respecto. Pero hasta ahora, no hemos visto que suceda oficialmente, salvo en algún meme.

Shen Long se limita por el poder de su creador, Los Padrinos Mágicos por el libro de Reglas, y así. En general, todo ser mágico tiene un freno a la hora de “otorgar deseos”, ya sea por el tipo de deseo, o por su nivel (impacto universal). Esto permite protegerse de la paradoja ya mencionada.

 Solucionando la Paradoja

Al final de su respectiva película, vemos al genio mágico conceder a Jafar el siguiente deseo:

Deseo ser el genio más poderoso…!!

Con lo cual Jafar se convierte en un ser mágico tan supremo, tan musculoso, y tan rojo, que es capaz de dominar las fuerzas elementales del Universo completamente. Pero al ser un genio, debe someterse a las reglas, y quedarse encerrado en una lámpara hasta que alguien la frote.

¿Entonces los deseos no tienen límites?

EL GENIO CONVIRTIÓ A JAFAR EN UN SER MÁS PODEROSO QUE ÉL MISMO!! O sea, que el genio es capaz de superarse y “dar más poder del que tiene” a otro ser. Físicamente hablando, en términos energéticos, el genio creó a partir del vacío, más energía de la que dispone, lo cual viola las leyes de la Termodinámica y de la conservación de la energía.

Mi hipótesis para resolver estas contradicciones es esta: que un genio no posee el poder mágico, sino que es un conducto vivo a través del cual este poder fluye, como una llave de paso con mente propia, conectada al sistema de cañerías de magia del tejido del Universo.

Esto solucionaría la paradoja de la Omnipotencia, convirtiendo a estos seres en conductos. El “poder absoluto”, en sí mismo, no tiene conciencia, solo existe y se manifiesta (como la gravedad o el tiempo), y por lo tanto puede ser manipulado. Como dato extra, en la película Star Trek V: The Final Frontier, el capitán Kirk y sus amigos descubren en un planeta aislado de la galaxia (en su centro), un ser de energía que afirma ser Dios… pero que en realidad solo tiene la capacidad de controlar las fuerzas fundamentales de la naturaleza (manipular el poder mágico, por ejemplo) en ese planeta.

La moraleja de este artículo es, como deberían sospechar, “cuidado con lo que deseas… porque puedes romper el tejido de la realidad”. Y eso me obligaría a escribir nuevamente este artículo.

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