Para entender mejor esta opinión del nuevo cómic de Bichos Raros, lee la primera parte aquí.

Fue en el año 2012 cuando por primera vez en mucho tiempo, mi corazón se detenía por completo al ver algo. Estaba caminando por el portal Lyon cuando vi una fotocopia pegada con scotch en la vitrina de Shazam cómics; en esta sencilla y humilde hoja estaba el símbolo de los bichos raros con un código QR debajo. Para ese entonces, habían pasado 6 largos años sin tener rastro de ellos y el mundo estaba cambiando a paso agigantado. El año anterior, 2011, fue el año en donde la juventud quebró por completo el sistema político cultural Chileno. Fueron meses donde los secundarios y universitarios tuvimos literalmente el país a nuestros pies y eso cambió nuestra mirada generacional; descubrimos que teníamos poder y que no nos asustaba usarlo, así que fuimos volviéndonos más audaces y más “contra hegemonicos”. Así, las sub culturas juveniles salieron de las sombras y a paso agigantado iban apoderándose de los espacios públicos, fenómeno que se dio alrededor de todo el mundo. Los comiqueros/otakus/nerds ya no eramos “Bichos Raros”, sino que eramos la moda y ese lugar se empezaba a sentir bien.

Por lo mismo, el símbolo de los bichos en esa vitrina fue un golpe salvaje a la nostalgia a esos años escolares de metalero trüly jevi merol. El código te mandaba a una página que anunciaba el comienzo del fin del mundo (Los fanáticos de los Bichos Raros sabíamos que se refería al lugar, no a un evento, un enlace directo con la primera aventura contra el Poncho del Diablo) y el Hype se fue por las nubes. Ese año estuvo muy de moda la “profecía Maya” del fin de los tiempos y el equipo de Bichos Raros supo aprovecharlo estrenando el webcómic posterior a esas Fechas. La expectativas estaban muy altas y las horas del día se fueron gastando revisando el fanpage oficial esperando por el anhelado enlace al reencuentro con mi juventud. Cuando por fin postearon el enlace, no dudé en lanzarme al ataque.

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Tal vez fue el exceso de Hype, pero en ese entonces no me gustó el re lanzamiento de los bichos. No fue ni por el dibujo ni la historia, sino por el formato escogido; al igual que varios webcomics, los nuevos bichos lanzaban una página por día y me costaba seguirlos porque no todos los días podía revisar la página, así que decidí esperar a que la historia avanzara un poco más para poder disfrutarla mejor. Pero como los tiempos habían cambiado, la universidad y el trabajo hicieron cada vez más difícil seguir las publicaciones hasta que un día la desidia me ganó la cuenta. Por mucho tiempo pensé que el bicho raro en mí había muerto. Quizás lo mató el mundo real, o tal vez lo había matado yo para encajar mejor. Sea cual haya sido la razón, dejé de seguir el webcomic.

El tiempo pasó y viví las noticias de los bichos desde otra vereda. El primer arco argumental duró aproximadamente un año y seguido de eso, lanzaron la versión impresa el primero de agosto del 2014 en el café cómics de Manuel Montt (vuela alto café cómics, siempre me dio terror el payaso que tenían de logo). De repente los pillaba en los eventos comiqueros, en los estantes de Shazam, en la feria del cómic de plaza Brasil, la FIC…fueron muchas las ocasiones que tuve para comprar el libro, pero simplemente no me nacía. Y sin embargo, fue una pulsión inexplicable la que me llevó al stand donde vendían el primer volumen de “Bichos Raros: Sobre las alas del miedo” en el Free cómic book day de la biblioteca de Santiago. Ahí estaba Sebastian Castro firmando el cómic y conversando con la gente sobre el estreno del segundo volumen y el regreso de la página (ha estado caída por un tiempo). Más raro aún fue darme cuenta lo mucho que quería leer el cómic y una vez que lo tomé en mis manos, sabía que tenía que comprarlo. Cuando pasé la plata, de pronto era un pendejo de 16 años con los pantalones rotos, el pelo largo y una polera gris de Slayer yendo al Kiosko por el Caleuche. Luego de una breve charla con Sebastían, literalmente me fui afuera de la biblioteca a leer el cómic. Y una vez que pude apreciar el primer arco completo, el bicho raro me volvió a vivir.

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Sebastian Castro y Karla Diaz en el lanzamiento oficial del cómic.

El primer volumen de “Bichos Raros: Sobre las Alas del miedo” nos cuenta la historia (o más bien, nos re-cuenta) de la primera aventura de Blanca con los Bichos Raros, un grupo de jóvenes dedicados a la investigación de fenómenos paranormales en Chile. Si bien la dinámica del antiguo canon se mantiene, hay algunas cosas nuevas; Juan sigue siendo antipático y con poderes de Demonios, pero esta menos Chacalín Trü Jevi Merol y más Hard Rock; Alicia sigue siendo una empatica (que controla la empatía) super cuica pero con una actitud mucho menos superficial; Hans es el intelectual mago, pero ahora es mucho menos nerd y mucho más académico; Blanca sigue siendo ñoña con sus monstruos de cartas pero ya no es Otaku y Nico…Bueno, Nico en realidad sigue igual, pero más mino (Si no está roto…). Además se agrega un nuevo personaje, Zel, que es una machi pachamamica ultra poderosa y nueva líder del grupo. Ah, y está en una relación con Juan.

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La aventura comienza con Blanca encontrando literalmente un bicho raro extinto mientras el grupo investiga una aparición de los Tangaca Manu, los poderosos hombres pajaro de la cultura Pascuense, quienes se creía estaban extintos. Mientras tanto, en Valparaiso avistan al teniente Bello regresando en su avión. Aquello que fue olvidado esta volviendo y los Bichos tendrán que estar preparados para enfrentarlo. Obviamente no voy a entrar en detalles porque el cómic está genial y tienen que leerlo, pero lo primero que me pegó fuerte fue darme cuenta que estos Bichos habían madurado. En una tremenda jugada argumental, estos bichos habían crecido desde el antiguo canon y ya habían pasado de la etapa de la tribu urbana y el fotolog. Los nuevos Bichos eran fiel reflejo de nuestra nueva juventud, mucho más osada, más empoderada y más directa. De una u otra manera, lograron representar a las nuevas tendencias juveniles sin cambiar el espíritu de los personajes originales, uniendo a las nuevas generaciones con los viejos lectores de la saga.

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En el aspecto técnico, Karla Díaz se luce con un estilo mucho más acabado y personal de los personajes y las escenas de acción, pudiendo entregar una especie de “manga Cartoon” que logra unir ambos sin los excesos de cada estilo, lo que hace notar un crecimiento del dibujo hasta una zona de mayor comodidad. Y si bien a veces las ilustraciones se afirman demasiado en el manga, la estructura de la historia y los personajes siguen siendo lo suficientemente occidental para que el “manga hater” de mi interior no alcancé a reclamar. Sin embargo, hay un par de detalles a considerar; si bien se entiende que la escala de grises es más barata y sencilla de realizar que los acabados a color, a veces el dibujo se siente demasiado “ilustrator”. Los trazos son demasiado limpios y vectoriales y eso hace que los escenarios se sientan un poco “falsos” o ajenos a los personajes, lo que produce una diferencia narrativa importante entre la acción y las escenas de más calma. Una de las cosas que más me gustaba de los viejos bichos raros era su estilo más “Grundge”, cargado a la textura sucia y al aspecto de “ciudad under”, lo que combinaba a la perfección con la temática “paranormal” de la historia. El nuevo estilo dibujo es mucho mejor que el antiguo canon, pero también es mucho menos experimental.

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Pero estos detalles no eclipsan la gran aventura de los Bichos y se agradece que hayan decido hacer la historia con un ritmo frenético; cuando la aventura empieza, no hay paradas intermedias. Cada Bicho Raro tiene su “momento de gloria” para no eclipsar personajes por sobre otros y la narración “in media res” (contar la historia sin seguir un orden estrictamente cronológico) logra capturar la sensación de tensión entre las escaramuzas. Hasta el final del primer volumen, la historia no da respiro y el final debe ser uno de los momentos que me ha dejado con la boca más abierta de los últimos tiempos. Sin spoilers, ESE SI QUE ES UN FINAL JUGADO DEL CUAL NO PUEDO ESPERAR A SABER COMO LO CONTINUARÁN.

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Conchetumare!

El cómic termina con una sección de “Archivos Raros” donde se cuenta el origen de Juan y Blanca como si fuera un cuento y para ser honesto, ojalá que muestren algo de los orígenes en la historia central; justamente los inicios de Juan y Blanca fueron unos de los mejores cómics del canon antiguo, resaltando la historia de Juan que en aquellos años fue uno de los mejores cómics de Bichos Raros y Caleuche.

habiendo terminado de leer, descubrí que el Bicho Raro en mí no solo estaba vivo; estaba emocionado de haber vuelto. Me fui a mi casa con la sensación de haber recuperado una parte de mi vida que creía que ya no volvería a tener y recuperé algo de esos años de adolescencia que la mayoría quiere renegar y esos 10 años de espera se sintieron como un día. Me di cuenta que yo también había olvidado o había querido olvidar.

Pero lo olvidado siempre sabe regresar. Lo que dejamos atrás a veces se pone delante de nosotros.

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🙂

Pueden revisar la página oficial de Bichos Raros aquí. Los rumores dicen que la aventura continúa el segundo semestre del 2016.

 

 

 

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