Cualquier parecido con la vida real es virtualmente imposible.

Hace un tiempo les conté sobre Tadakatsu Honda, el samurai hecho enteramente de fortaleza tesicular…y probablemente pelos, y el hilo que usé para hablar de él (para no decir derechamente excusa) fue el lanzamiento de “Nioh”, pues ahora hablaremos del protagonista de la historia: William Adams.

Japón tuvo sus primeros contactos con los occidentales a través de los portugueses (hecho que se traduce en el hecho que hasta el día de hoy ciertas palabras en japonés tienen su base en el portugués como pan, tempura (que es una deformación de temperatura), etc. ), el resto de las potencias europeas (en especial británicos y holandeses) comenzaron a ver con buenos ojos el tener relación con los nipones…el problemita es que Japón siempre ha sido receloso respecto a la influencia extranjera. Entre estos 3 estados (más los españoles, posteriormente) comenzaron a cortejar a Japón, pero los asiáticos simplemente no se sentían particularmente tranquilos con tanto extranjero jodiendo.

El acercamiento de los holandeses es donde Adams se ve metido en este embrollo, trabajando para la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (Vereenigde Oostindische Compagnie en holandés), inició un largo viaje que lo llevaría a la tierra del sol naciente…un viaje donde perdería a su hermano contra unos nativos en Ecuador, el grueso de sus hombres por enfermedades, para finalmente después de 19 meses encallar en costas japonesas; la felicidad de “Ohhh dios mío no estoy muerto” duró muy poco, ya que el comité de bienvenida consistía en oficiales japoneses, y misioneros portugueses, que convencieron a las autoridades de que el buque de Adams era un barco pirata, y venían a robarle (entenderán que muy curas habrán sido, pero en ese momento mantener el control de cuánto extranjero llegaba era capital para sus intereses)…debido a esa pequeñita barrera idiomática Adams fue tomado prisionero junto a sus hombres. El barco fue desguazado, y los cañones serían confiscados por el Shogún del lugar Tokugawa Ieyasu, que en ese momento estaba en plena lucha para unificar a Japón bajo sólo un liderazgo.  El mismo Shogún interrogó a Adams, y a medida que las sesiones pasaban Ieyasu se dio cuenta que el británico era un simple marino, no una amenaza, y de hecho reconoció en el británico un potencial aliado, dado que William tenía bastante conocimientos de matemáticas, metalurgia, e ingeniería naval, que le parecieron fascinantes al Shogún.

Con el tiempo Adams se volvió un asesor invaluable para Ieyasu, y logró modernizar la escuadra japonesa en muy poco tiempo, ahora hay que agregar que la estadía en Japón era una suerte de secuestro…pese a que lo trataba excelente, casi como un par, le dio tierras, títulos, y muchas otras ventajas que ningún otro gaijin (extranjero) gozaba, Adams tenía prohibición explícita de dejar Japón, pero era una suerte de cautiverio feliz. Aunque muchas manifestó que extrañaba Inglaterra…sobre todo a su esposa e hijos…ooops (no importa papus, después se casó con una local, así que ¿asunto resuelto?) Adams se sentía cada vez más a gusto en estas nuevas tierras (debió ayudar que en Europa tenía una situación reguleque, y acá era Rockstar)

El símbolo de Tokugawa

¿Fue realmente un samurai?…muchos dirán que sí porque el Shogún le dio “autoridad de samurai”, pero legítimamente samurai se nace, no se hace, pero es entendible que una historia así tenga eso como título. Pero en las historias de “samurais blancos” Adams es lo más cercano a “da real deal”, ciertamente más que Jules Brunet (el francés en que se basó “The Last Samurai”)…algún día les contaré de él.

Sí claro campeón, así se veía un samurai blanco.

La influencia de Adams fue tal, que jugó un rol importantísimo en uno de los eventos que forjaría la identidad japonesa para el futuro: la expulsión de los jesuitas, y obligación a que todos los que profesaran el catolicismo se convirtieran (o si nooooo); resulta que los jesuitas veían muy mal que un protestante tuviera tanto poder, complotaron en reiteradas ocasiones contra el inglés, a veces de formas subrepticias, pero otras directas…ofreciéndole llevarlo a Inglaterra (de paso desobedeciendo la orden del Shogún), Adams cantó como canario, y le contó todo a Ieyasu…como entenderán no lo tomó bien, y los mandó a todos con viento fresco, ciertas células católicas quedaron en Japón, pero la orden era clara, con el Shogún no se jodía, y y que tuvieras sotana se lo pasaba por el quinto forro del culo. Años más tarde un grupo de católicos descontentos organizarían la Rebelión de Shimabara, que terminó con 27,000 católicos muertos, esto continuó agriando las relaciones de los europeos con Japón, situación que culminó en el “Edicto de Sakoku”, de 1635…donde Japón se declaraba cerrado para cualquier influencia extranjera.

Le prometo que es sólo un modelo, el real va a ser más grande.

 

Ayudó a crear rutas de comercio con los británicos , y con los holandeses, sorprendentemente cuando se reencontró con sus compatriotas ellos los sentían distante, frío, y ajeno…años asimilando la cultura había convertido a Adams en un híbrido que no pertenecía a ninguno de los dos mundos, pero ciertamente se sentía más a gusto en Japón.

Nunca más se fue (y no por el asunto de la prohibición), salvo unos viajes de negocios el hombre fue absorbido por su nueva patria…finalmente “Anjin Miura” (el piloto de la península de Miura, en razón a su conocimiento de los barcos) falleció a los 55 años…pero William Adams había muerto en el mismo momento en que Japón lo atrapó…Anjin, y su legado vive aún en su amado Japón.

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