Los videojuegos se componen de diversos elementos: jugabilidad, historia (no en todos los casos), gráficos y música. Quizás este último elemento sea uno de los más memorables al momento de jugar (aunque algunos juegos prescinden de ello). Más de alguno recordará con cariño algunos juegos por sus melodías; pues incluso algunas de estas se han vuelto elementos reconocibles de la cultura popular, desde la más simple melodía del Pac-man hasta el icónico tema de Super Mario Bros.

Como arte aparte, la música puede funcionar de manera completamente independiente de sus medios de origen. Es por ello que dentro de mi experiencia se dan casos peculiares, como que me ‘‘enamorara’’ de las composiciones de sagas como Megaman y Castlevania mucho antes de siquiera jugar los juegos y descubrir lo que tenían por ofrecer. Aunque claro, es cuando las melodías se mezclan de manera magistral con ciertos momentos donde la jugabilidad toma protagonismo,  comprendemos todo el potencial que pueden llegar a tener los videojuegos.

Recordemos que estos tienen un resorte interactivo y una capacidad de inmersión mucho más potente que otros medios (y mucho más sencilla). Cuando recorremos la espalda de un titán en las manos de Kratos al ritmo de una melodía épica, o nos enfrentamos a lomos de Epona contra el malvado Ganondorf con ciertos acordes de fondo, o presenciamos la tragedia que se vive en el tramo final de final de Final Fantasy V, podemos darnos cuenta de que la música añade una capa de profundidad, de inmersión y de carga emocional distinta a muchos de estos juegos.

Es tan simple como que realicemos un ejercicio y visionemos algunos de los momentos más memorables de los videojuegos, pero sin la presencia de música. Notaremos que gran parte de la energía que desprendían aquellos momentos se reducirá bastante, muy a pesar de las personas que posean alguna discapacidad auditiva. Claramente no se puede aplicar a los efectos sonoros o FX, puesto que aportan más realismo, fidelidad, ambientación, y en algunos casos un toque de inmersión, pero nunca con la carga que otorga una buena melodía.

Probablemente más de alguno se maravilló en su tiempo con el ‘‘tema acuático’’ del primer Donkey Kong Country (además de sus gráficos imposibles para la Super Nintendo). Y es que ‘‘Aquatic Ambience’’ o ‘‘Stickerbrush Symphony’’ de la segunda entrega de la franquicia son melodías que reflejan muy bien la capa de profundidad que menciono en este título.  Estas composiciones, obras de David Wise, demuestran que el medio ha generado muchas obras  increíbles en términos musicales. Recientemente he escuchado algunos arreglos de estos temas que dan cuenta de una versatilidad en los ritmos a utilizar, pero de la persistencia del sentimiento de dramatismo, energía, alegría, etc.

Probablemente esta capa sea más prominente en algunos juegos por sobre otros, aunque últimamente todo juego que añada elementos cinematográficos busca construir momentos que mezclen escenas, jugabilidad y música para dar ese toque épico extra. A veces de manera un tanto genérica, como los Call of Duty, otras veces con el buen hacer de un Mass Effect o con la carga de un Specs Ops: The Line.

Pero probablemente el género donde más proliferan las composiciones que demuestren el tipo de fuerza que busco describir, es el de los RPG. Y no sólo lo pienso así porque sea uno de mis géneros favoritos (junto con los plataformas y las aventuras 3D) sino que probablemente suceda por la mayor profundidad en el argumento, el desarrollo de personajes y por la ambientación que poseen estos juegos (principalmente en su vertiente japonesa). Así podemos encontrar una gran cantidad de melodías en sagas como Final Fantasy, los Chrono (Trigger y Cross), Fire Emblem, Tales of o la saga Persona.

Incluso el componente musical ha sido adaptado de manera importante a las mecánicas de los videojuegos. Y no hablo precisamente de géneros musicales sino más bien de propuestas jugables, como ciertos niveles de Rayman Legends o las melodías de Ocarina of Time. Probablemente no suceda en todos los videojuegos, pero en esos que te marcan de verdad, de seguro la música fue imprescindible.

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