Creo que con la PSP se me abrió un mundo a los videojuegos. El catálogo era enorme y la facilidad, junto con la DS, de conseguir nuevos títulos fue mucho más simple que con sus predecesoras portátiles. Y así fue que, entre búsqueda por aquí y por allá, me encontré con un juego que me cautivó no solo porque era un género totalmente nuevo (para mi), sino porque además tenía estética anime y eso, en pleno 2011, significaba que sería un muy buen juego.

Me refiero a God Eater, un videojuego de acción que podríamos encasillar en el género de los popularmente llamados Hunting Games (donde juegos como Monster Hunter o Soul Sacrifice comparten palestra), y que tiene la principal característica de contar con una historia muy completa, así como una increíble versatilidad en el uso de armas a lo largo de cada una de sus misiones. God Eater 2: Rage Burst no se aleja en lo absoluto de estas características pero al contrario, se preocupa de potenciarlas y corona a este título como el mejor de la saga.

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God Eater 2: Rage Burst no quiso reinventar nada y mantuvo su formula exitosa tal cual como siempre. La única diferencia es que supo jugar de muy buena manera las cartas que tiene. La historia nos sumerge en Blood, una organización post apocalíptica que tiene como principal obligación la de acabar con los Aragami, bestias que destruyen todo lo que encuentran a su paso; Desde edificios hasta, obviamente, personas. Todo este cuento que es un éxito en Japón, puede ser entendido en los primeros minutos del juego, y más tarde en su opening, donde le damos una repasada a los personajes principales.

Para acabar con estos Aragami, Blood busca a niños que reúnan características genéticas lo suficientemente compatibles con un equipamiento de batalla creado por ellos mismos: las armas celestiales. Por medio de un brazalete conectado al cuerpo, nuestro personaje principal puede hacer uso de dos tipos de armas dependiendo de cada situación, así como también de la comodidad del player. En primera instancia tenemos las armas cuerpo a cuerpo, que gozan de dos tipos de golpes: los rápidos y los fuertes además de permitirnos el poder correr en cualquier dirección, hacer un dash estando en el piso, usar un escudo y marcar enemigos. Ahora si lo nuestro es el daño a distancia, con el uso de un solo botón (esto igual depende de la configuración que le demos en el menú de opciones), podemos transformar nuestra espada en un arma de fuego, permitiendonos disparar diferentes municiones (inclusive heal bullets a nuestros aliados en batalla). Al no existir un número de municiones, la cantidad de balas que podamos disparar depende de una barra ubicada justo debajo de nuestra vida, la cual se vacía dependiendo del tipo de bala que usemos. Dicha barra, al vaciarse, nos obligará a ejecutar golpes cuerpo a cuerpo con el fin de llenarla nuevamente.

La combinación de ataques es una de sus virtudes, como lo es también las armas disponibles: espadas, lanzas, una guadaña o un enorme martillo están disponibles desde el inicio, cada uno con sus secuencias, daño y demás particularidades. Lo mismo pasa con las armas de fuego, con distintas cadencias y tipo de arsenal. Sin embargo, la verdadera particularidad del juego es la de convertir nuestra arma celestial en un demonio que devora Aragami y así, bonificar nuestras habilidades básicas de combate (podemos ejecutar un doble salto, golpear más rápido,  entre otros), además de que al matar un monstruo esta misma habilidad nos sirve para lootear sus items.

¿Pero donde coordinamos todas estas peleas? La respuesta es en la base Fenrir, donde se establece Blood. En ella, una recepcionista llamada Fran nos indica las misiones a seguir, así como los pasos a continuar en el modo historia. Una vez elegida la misión debemos elegir los miembros de nuestro equipo (un máximo de cuatro), de esta forma seremos llevados automáticamente a la zona de batalla la cual se caracteriza por ser de espacios abiertos con una alta sensación de vacío donde solo tenemos los enemigos que vencer y un par de objetos que recoger. Una vez que las tareas están hechas, podemos recolectar los objetos obtenidos durante la misión y pasar a la siguiente.

Entre cuarenta o cincuenta horas podemos tardar en completar la historia principal, con sus respectivas misiones.

El sistema de peleas es fluido y ágil. Lo digo porque usualmente en estos juegos suelen haber animaciones que no encajan con el resto de movimientos, pero en el caso de God Eater 2: Rage Burst, todo fluye de manera correcta. Para correr, dashear o bloquear vamos gastando una barra de resistencia la cual se rellena a medida que evitamos estas acciones por lo que es muy importante el estar controlándola de manera constante para evitar así quedar inmovilizados por unos segundos. El sistema de bloqueo es un tanto incomodo, sobre todo porque al cambiar a nuestra arma a distancia, el lockeo que teníamos sobre un Aragami se pierde, haciendo que confundamos nuestro foco en ciertas ocasiones. Nada complejo, pero si un tanto molesto.

La IA de los personajes de apoyo es un factor que ha sido mejorado mucho en comparación con las entregas anteriores. Para God Eater 2: Rage Burst, esta caracteristica se ha pulido con creces, permitiendo así que nuestros aliados sean mucho más inteligentes a la hora de suportear, atacar o tanquear dependiendo de cada situación y del estado de nuestro avatar. Todo esto se intensifica cuando nos enfrentamos a los Aragami grandes, que cuentan con patrones de ataque más complejos así como habilidades que desafían nuestro talento al cien por ciento. Si bien sus secuencias y animaciones se pueden recordar, el enfrentar a estos enemigos por primera vez nos obliga a pensar bien nuestra estrategia y no limitarnos a únicamente machacar botones como quizás lo hicimos con los pequeños objetivos de las misiones fáciles.

Uno de los puntos más importantes del juego y que hace la diferencia con otros hunting games es la extensa personalización que tenemos en nuestras manos. Por un lado tenemos armas que podremos mejorar y añadirle habilidades recogiendo materiales o fusionándolas con partes de armas celestiales abandonadas. Por otro, podemos equipar accesorios y fabricarlos mediante los materiales que vamos recogiendo a lo largo del juego. Además, también podemos mejorar y perfilar las habilidades que tienen nuestros compañeros de viaje controlados por la IA para marcar claramente qué tipo de NPC queremos que sea en combate. Todo esto provoca que contemos con decenas de opciones de personalización para moldear las armas y el equipo a nuestro gusto, y que sea un desafío probar misiones de dificultades elevadas para conseguir recompensas que nos permiten avanzar cada vez más.

En este género de juegos no basta con mejorar a tu personaje. Al no contar con un sistema de niveles, lo único que queda es que tú mejores, aprendiendo de tus errores y memorizando las secuencias de ataque de cada uno de los enemigos.

Esta misma variedad de armas es el factor decisivo al momento de personalizar nuestro personaje. Podemos, por ejemplo, optar por un espadón y asestar pocos golpes pero fuertes o, en su defecto, una guadaña que haga extensos combos de daño y que a futuro pueden ser mejorados. Las posibilidades son muchas y al contar con diez armas desde un comienzo, las posibilidades de mejora para cada una de ellas nos da un sinnúmero de alternativas al momento de batallar contra los Aragami.

God Eater 2: Rage Burst cumple a nivel visual. Si bien es un cross platform, sabe rendir de manera muy positiva en la Play Station 4, sin desmerecer su versión portable. Los concept también merecen ser mencionados, al gozar de originalidad y una clara influencia oriental tanto en el trazado de los personajes, así como la de los enemigos. El único problema con el que nos podemos topar, es con sus escenarios carentes de texturas detalladas y una notoria repetición de assets a lo largo del area de batalla. Nada del otro mundo, pero algo que obviamente molestará a más de alguno.

La música cumple también, desde el opening a cada uno de los OST que acompañan la historia. El problema, y aquí me pondré puritano, es en las voces en inglés. Entiendo que Bandai Namco prefiera localizar las voces al país donde se distribuirá el juego, sin embargo y a manera muy personal preferiría mil veces que se mantuvieran sus voces originales en japones. Y es que hay algo en el doblaje, sobre todo el inglés, que hace que el juego pierda encanto. No puedo decir lo mismo de Naruto: Ultimate Ninja Storm 4, donde el trabajo que se hizo en el doblaje latino fue excelente, pero acá en God Eater siento que algo faltó. Es, como lo dije, una opinión muy personal pero que debo comentar, por si las dudas.

God Eater 2: Rage Burst, goza de todo lo que el género Hunting intenta explotar: muchos enemigos, misiones con fuertes objetivos y personalización del equipo para convertirlo así en un título que debe tener una oportunidad sin duda. Gráficamente es mejorable, pero eso no quita que cada una de sus acciones sea un festival de cortes, bloqueos y evasión mientras sorteamos golpes con enemigos cada vez más poderosos. Si es fanático de los juegos con estética japones, no dude en comprarlo. Más aún, si tiene una Vita.

Quiero agradecer a Bandai Namco Latinoamérica, ya que gracias a ellos pudimos probar este juego (uno del cual soy fan hace mucho rato xD).

NOTA God Eater 2 Rage Burst - Bandai Namco
4.0Estrellas / 5 Total
Puntuación de los lectores 2 Votos

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