Kong: Skull Island podría fácilmente llamarse “Iguols: The Movie”; ¿Es buena? no, ¿Es mala? tampoco, es…iguols. (para los que no sean de Chile, Iguols es un derivado fonético de la palabra “igual” dando entender que lo descrito es igualmente malo como bueno)

Y eso es quizás el peor crimen de una película que prometía ser el fenómeno del año; un casting inmejorable, un director que decía lo correcto, mostrando lo correcto y el regreso a la pantalla grande del primer monstruo gigante del cine, uno que redefinió el espectáculo y el arte de la fantasía, todo reducido a una película que no puede ser descrita de otra manera que MEDIOCRE.

Y es lamentable, porque uno casi puede oler la buena película que tenían cocinada pero que por malas decisiones quedó corta en darnos un espectáculo satisfactorio. Porque Kong: Skull Island sin dudas cumple con entregar la parafernalia necesaria, sólo que falla en que dicha parafernalia entretenga o al menos, entregue una buena historia. Son tantas las oportunidades perdidas en medio de un metraje lleno de momentos brillantes que es difícil salir con una sensación satisfactoria del cine, más aún si uno es fanático de este tipo de cine.

La historia cuenta cómo un grupo de científicos se aprovecha del pánico post guerra de Vietnam para financiar una expedición a una isla desconocida en una época donde todavía había rincones del mundo sin explorar. Acompañados por un grupo de soldados deseosos de volver a casa, una fotógrafa anti-guerra y un rastreador de selvas, van a mapear la isla con bombas sísmicas, sin embargo despiertan la ira de una bestia colosal quien protegerá a toda costa la isla que llama hogar. Y también pelea con unos lagartos gigantes porque bueno, hay que darle trabajo al departamento de efectos especiales.

Si hablamos de los aciertos de la película, lo cierto es que nos encontramos con una fotografía maravillosa y una isla perfectamente diseñada para el peligro. Jordan Vogt-Roberts sabe pararse sobre hombros de gigantes y buscar inspiraciones en clásicos como “Apocalypse Now”, “Cannibal Holocaust” y “Platoon”. Incluso se atreve a meter escenas directamente sacadas de “King Kong vs Godzilla” de 1962, sin duda una ordinariez de película que ni los más fanáticos del género consideramos un clásico, y hacerla funcionar cómo un espectacular homenaje a las raíces de un género de nicho. Hay escenas tan impresionantes que se marcan en la retina, que te hacen pararte del asiento y aplaudir mientras algunos “money shoots” son para tenerlos pegados en la pieza.

Sin embargo, sólo una de estas grandiosas escenas involucran al titular de la película, King Kong, y ocurre tan al principio que el personaje nunca logra recuperar esa sensación de sorpresa. Esta película es HORRIBLEMENTE MEDIOCRE, sólo intenta cumplir con los puntos mínimos que el genero exige para funcionar y todo el tiempo las cosas simplemente…pasan. Los personajes viajan de un punto A a un punto B y…alguien muere horriblemente. Luego llegan de B y viajan a C y…un par de monstruos pelean. No es posible que en la pantalla veamos monstruos enormes y muertes horribles y la única reacción que sintamos sea “bien igual”. No hay ninguna construcción hacia los momentos fuertes de la película, no hay tensión ni “calma antes de la tormenta” y eso, en una película que debiera impresionarnos sólo por las dimensiones antinaturales de las cosas, es imperdonable.

No ayuda tampoco que el impresionante casting que juntaron sea un voladero de luces del tamaño del mismo King Kong, porque acá todos los actores están en automáticos, no hay personajes, no hay desarrollo, no hay sorpresas, no hay nada. Con la excepción del personaje de John C. Reilly, él único que puede considerarse un personaje de toda la película, todo el resto tiene un tratamiento cliché y poco creíble. Tom Hiddleton y Brie Larson están sólo para ser guapos y nada más, Samuel L. Jackson está para ser el Samuel L. Jackson más Samuel L. Jackson posible y las motivaciones nada porque la gente va a ir a ver la película igual. Y es terrible porque hay un honesto y bien construido mensaje “anti guerra” en la película, uno que usa a Kong cómo catalizador de la derrota humana frente a la paz. Este elemento a veces logra asomarse pero cuando llega a su punto más alto la película se encarga de diluirlo en humor barato y escenas de acción genéricas.

Esta imagen es lo mejor de la película. Lamentablemente sólo dura unos 5 segundos.

Sin embargo, el mayor problema de la película es que falla en entregarnos un King Kong por el cual podamos sentir simpatía. King Kong no es más que un “macho alfa” rabieta sin motivación ni gran metáfora y considerando que a futuro está destinado a enfrentarse a Godzilla, simplemente no es tan buen personaje cómo para hacerle frente. Mientras que Godzilla de Gareth Edwards era construido cómo un personaje con sus propia personalidad, gestos y mañas (hay una escena donde Godzilla literalmente suspira de cansacio luego de darse cuenta que aún queda otro MUTO por destruir), King Kong tiene sólo 2 trucos bajo la manga; enojarse y pegarse en el pecho. Por lo mismo, esta película se siente cómo la infame versión que hicieron de Godzilla el 97′ de la mano de Roland Emmerich, una película entretenida, con buena acción y grandes momentos que simplemente no entendió o no quiso entender las bases del personaje a quien rendía homenaje y Kong: Skull Island simplemente no entiende lo que hizo a King Kong el personaje memorable e inmortal que conocemos; no entiende su tragedia, ni su emoción ni su fuerza.

En síntesis, si quieren ver una película de monstruos gigantes peleando, vayan seguros porque eso es lo que obtendrán. Ahora, si quieren ver una BUENA película de monstruos gigantes peleando, repítanse Godzilla de Gareth Edwards o vean Pacific Rim. Lo mejor de la pelicula es la escena post créditos y sinceramente, mejor véala por internet.

 

 

NOTA Kong: Skull Island - Jordan Vogt-Roberts
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