Una parte de mi dice que debería empezar esta reseña hablando del arte del Stop Motion, ese oficio obsesivo y enfermizo de capturar el movimiento fotograma por fotograma con ligeros cambios entre tomas, mezclando la sutileza y delicadeza de un bailarín de ballet con la fuerza bruta y resistencia de un boxeador profesional. Tal vez debería hacerlo, porque con una propuesta estética que borra las lineas entre el stop motion y la animación digital, “Kubo y Las dos Cuerdas” se eleva sobre todas las otras cintas de animación de este año recordándonos la diferencia entre el cine palomitero pensado para las masas con y el cine de verdad, ese pensado para sorprender y emocionar. Es tan abismal la distancia que hay entre esta cinta con sus compañeras de género (Zootopia, Buscando a Dory, esa basura llamada “Mascotas”) que de cierta forma las termina por desenmascarar como productos que en realidad no eran tan buenos. Así de espectacular es la propuesta estética de esta película.

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Sin embargo, “Kubo y las dos cuerdas” no es una película que ponga al stop motion y el despilfarro visual como atracción principal, sino como guía para disfrutar una historia hermosa que viaja desde la comedia más liviana hasta la tragedia más cruda. Una historia sobre “las historias”, sobre dar cierre a una búsqueda incompleta antes de que ésta nos de cierre a nosotros. Finalmente, una película sobre el legado, la tradición y la familia.

Kubo es un niño que ha vivido escondido de la noche toda su vida. Su madre, quien lo rescató de las garras de su abuelo el rey Luna, sufre un accidente que la deja con una perdida parcial de memoria que la hace dudar de su propia historia. Sin conocer mucho de su legado, Kubo baja al pueblo para contar sus historia mediante una magia que lo hace controlar el papel con su guitarra pero nunca logra terminarlas antes de que caiga la noche. Un día, en un festival donde las familias del pueblo se reúnen para recordar a sus seres queridos, Kubo intenta buscar las respuestas sobre su familia pero la noche lo descubre y con eso, sus temibles tías inician una salvaje cacería sobre él. La única manera de salvarse de ellas y de su temible abuelo el Rey Luna es recuperar la armadura mágica custodiada por el clan de su difunto padre junto a una babuina parlanchina y un hombre escarabajo sin memoria.

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Lo que hace esta película especial es utilizar la magia, la estética japonesa y el mito como acompañamientos al motor de esta historia; Kubo y sus dos compañeros, la Mona y el escarabajo. Donde otras producciones hubieran entorpecido el apego emocional de los personajes con explicaciones y detalles innecesarios (algo que todas las películas fantásticas actuales tienen) Kubo pone el foco en donde importa, brindándonos un relato audaz, claro y cautivador.

Este relato cobra relevancia cuando uno se percata que la ambición de esta película va mucho más lejos que abordar el amor, la familia o los recuerdos como conceptos sencillos; existen cientos y cientos de películas que abordan estos temas desde lo superficial, pero pocas van hacía lo abstracto que son. Kubo y las dos cuerdas nos habla sobre este amor que no se puede describir con palabras, este apego emocional a personas que estando o no en nuestras vidas nos producen una profunda sensación de complemento. ¿Que es lo nos hace amar a una persona que no conocemos? ¿que diferencia la admiración del amor? ¿que significa realmente sentirse en familia? La película sabe que estas respuestas no son simples y no pueden ser contestadas en los diálogos, así que opta por mostrarnos lo que se siente estar en familia, lo que se siente admirar y amar a una persona, lo que se siente el peso de la memoria de aquellos que no están presentes. Es esta decisión arriesgada de tratar al espectador con respeto e invitándolo a ser parte del relato lo que eleva esta película por sobre otras en lo que va del año y la transforma en no solo una gran historia épica, sino en una experiencia épica.

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Los otros aspectos de la película funcionan alrededor de la idea de hacernos sentir lo que está pasando por sobre contarnos lo que deberíamos sentir y eso transforma la cinta en una experiencia profundamente personal. La idea del recuerdo como pieza fundamental del amor que trasciende la vida y la muerte funciona en distintos niveles, desde el relato que creamos sobre nuestros seres queridos hasta la aspiración de que estas historias superen los hechos reales. La fantasía y la magia son la metáfora de la historia que no podemos terminar, que se fortalece mientras más adelante seguimos y se debilita cuando nos aferramos al pasado. La tragedia que representan la mujer mono y el hombre escarabajo habla sobre eso mismo, quedarse atrapado en las memorias del pasado sin preocuparse de las memorias del futuro. Ya que las experiencias que vivimos pueden ser trágicas, horribles y dramáticas, pero nada puede derrotar una buen recuerdo. Nada puede contra el amor bien vivido.

La aventura, los efectos y la animación están más que bien trabajados y se nota la evolución del estudio Laika en su búsqueda por la estética del Stop Motion. El único problema que encontré fue algo ajeno a la producción de la película; El doblaje latino es muy plano y muchas veces se queda extremadamente corto frente a lo que estamos viendo. Palidece al lado de su versión en ingles con los tremendos actores que son Ralph Finneas, Charlize Theron y Matthew McConaughhey dando el 100% de si. Nota aparte para la banda sonora, que si bien no es nada extraordinario, consiguieron los derechos para hacer una hermosa versión orquestada con instrumentos japoneses de “While my guitar genlty weeps”, una canción que traduce todo lo que necesitas saber sobre esta película.

En conclusión, una película para emocionarse, para sentir la tragedia bajo la piel pero también la alegría en el viento matutino. Perfecta para recordar a quienes no están con nosotros, que viven eternamente no solo en las historias, sino en el amor mismo que sentimos día a día. Es dificil de explicar, pero se supone que sea así ya que hay amores e historias que trascienden las palabras. Y así como toda guitarra necesita todas sus cuerdas para poder hacer música, Kubo y las dos cuerdas es la película de fantasía épica que necesitábamos para volver a enamorarnos del género.

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NOTA Kubo - Laika
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